En la violenta y dilatada confrontación de Estados Unidos
contra la Revolución Cubana, la manipulación de la emigración, las dificultades
para los contactos familiares, intercambios postales, viajes y restricciones
para el envío de ayuda de los residentes en Norteamérica a sus familiares en
Cuba, han sido piezas claves.
Aunque la virulencia de la confrontación también generó
en Cuba reacciones negativas contra los emigrantes, la dirección cubana,
especialmente Fidel Castro dio pasos para atenuar esa confrontación. En 1961
los nacionales que protagonizaron la invasión por bahía de Cochinos, en número
de más de mil fueron devueltos a Estados Unidos y en 1978 se promovió el
dialogo con exiliados y emigrados acordándose el inicio de los viajes
familiares y el envío de paquetes y en los años noventa, al despenalizarse la
tenencia de divisas se crearon facilidades para el envío de remesas.
Con altas y bajas, esas políticas favorecieron los
contactos académicos y culturales que contribuyeron a la creación de un clima
favorable a la normalización de las relaciones no solo entre las familias sino
entre la nación y la emigración; una expresión de esos avances son las
coincidencias en el plano político y la movilización de sectores emigrados a
favor de las causas nacionales, en especial la lucha contra el bloqueo y otras
acciones de solidaridad.
Sin embargo, por una extraña paradoja las instituciones
cubanas a cargo de emigración, aduana y servicios consulares, no parecen
comprender la esencia de esas políticas y en lugar de contribuir a su
realización, suman obstáculos burocráticos, exigencias extemporáneas, cobros
exagerados, aranceles aduaneros o impuestos injustificados.
Una evidencia de esos contrasentidos es la disposición de
la Aduana General de la República que en momentos en que el presidente Raúl
Castro anuncia una actualización en el campo migratorio, resuelve el
restablecimiento de los impuestos al envío de alimentos por parte de los
emigrados a sus familiares.
Romper el bloqueo yanqui contra Cuba por medio de las
ayudas materiales es una acción que las autoridades y las instituciones cubanas
celebran y agradecen cuando es realizada por norteamericanos pero ignorada e
incluso dificultada cuando es ejecutada por compatriotas que, a pesar de las
restricciones y los costos desmesurados, traen o envían a sus familias paquetes
con alimentos, ropas, canastillas, ajuares para bodas y cumpleaños y remesas de
dinero.
¿Por qué no dejar que sea el imperio, la OFAC y todo el
andamiaje creado para perseguir el comercio con Cuba y hacer difíciles las
relaciones entre las familias cubanas separadas quienes se esfuercen por
limitar, prohibir y cobrar?
Es cierto que quizás puedan encontrarse operaciones
exageradas o ilícitas como lavado de dinero o contrabando, pero se trata de
casos que seguramente los órganos competentes pueden individualizar e impedir
sin dañar a la gran masa que, a veces con inmensos sacrificios, carga o envía
modestas ayudas a sus familias.
Queda ahora la esperanza de que junto con las
flexibilizaciones anunciadas, el presidente o los legisladores anulen la
inexplicable e injustificada norma dictada por la aduana que da la espalda a
uno de los más agudos problemas de la población cubana: los alimentos.
La Habana, 10 de junio de 2012

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