domingo, 16 de julio de 2017

CENTENARIO BOLCHEVIQUE: UN LARGO CAMINO

Jorge Gómez Barata

Con luces y sombras, el desarrollo de la especie humana ha sido extraordinariamente exitoso. En unos doscientos mil años, partiendo de cero y sobreponiéndose a dificultades inmensas, el homo sapiens recorrió el largo camino que lo separó de la manada, y lo introdujo en la sociedad. Admitiendo la ayuda de Dios, las culturas y civilizaciones, la espiritualidad y el progreso general, son sus obras. Además de a pensar, hablar y trabajar, la humanidad aprendió a convivir.

Probablemente, por ser el último eslabón en su cadena de éxitos, la convivencia es el capítulo más imperfecto de la andadura humana. Las estructuras de poder, las desigualdades, la pobreza, la intolerancia, así como la preeminencia de unos países sobre otros, que dio lugar a las guerras y las conquistas, al colonialismo, la esclavitud y otras máculas, si bien no prueban el fracaso, son asignaturas pendientes. 

Obedeciendo a reacciones innatas, el hombre creó valores que podían asegurar relaciones felices, pero no evitar que prosperaran actitudes pecaminosas, las principales fueron la codicia, el afán de riquezas, y las estructuras que hicieron posible la explotación de unos hombres por otros. El desinterés y el dinero, la intolerancia y la democracia proceden de un tronco común. Humanos son los reos y los verdugos, los explotadores y los explotados, los que creen y los que blasfeman, los de la derecha, el centro y la izquierda.  

Las desigualdades entre los seres humanos no son solo económicas, ni todas negativas. Desiguales fueron Jesucristo, Buda y Mahoma, hombres y no deidades, creadores de doctrinas enriquecedoras de la condición humana, empeñadas en, por medio de la fe, rectificar las deformaciones entronizadas. De esa pléyade forman parte también los grandes pensadores, liberales y marxistas, sabios, misioneros, patriotas y revolucionarios, que desde diferentes ópticas, con los medios a su alcance, en el momento y lugar que les correspondió, lucharon por la justicia, la libertad y la igualdad.

Entre los más optimistas y ambiciosos figuraron los bolcheviques, la primera y única fuerza política que, con un proyecto planetario, enarboló como meta cambiar el curso de la historia, y construir una nueva sociedad, para lo cual concibieron la idea de, a partir de la toma del poder, suprimir la propiedad privada, generar una nueva economía, introducir nociones propias sobre el estado y el derecho, desmontar la institucionalidad estatal vigente, implantar la dictadura del proletariado, y modificar la cultura, hasta el punto de excluir la fe religiosa. Todo ello implicaba crear códigos éticos y morales, y finalmente un hombre nuevo.

A la desmesura que hizo obviamente irrealizable el proyecto, los equívocos nihilistas, el radicalismo en la liquidación de las estructuras vigentes, la incapacidad para gestionar sus propias propuestas, la creencia de que el poder podía sustituir los consensos, se sumaron la ilimitada agresividad de la reacción mundial que negó toda oportunidad al proyecto y lo confronto con inusitada violencia.

Los bolcheviques no pudieron realizar sus mejores aspiraciones, tampoco los liberales ni los cristianos. Descalificar a unos y exonerar a otros no es riguroso ni honrado, el haberlo intentado honra y legitima. Hay tiempo y camino por andar. El socialismo, la libertad, y la democracia no son cosas del pasado, sino del porvenir. Allá nos vemos.

La Habana, 14 de julio de 2017


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