jueves, 13 de julio de 2017

REPORTE DESDE EL SALVADOR PARA RADIO HABANA CUBA DE 14 DE JULIO DE 2017


Un anuncio de gran significado se ha conocido a inicios de esta semana, luego que el Colegio de Profesionales en Ciencias Económicas, con sus siglas COLPROCE,  y la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas – UCA -, han solicitado que se investigue la forma en que se llevó a cabo la reprivatización de la banca salvadoreña en la década de los 90 del siglo pasado, ante la Secretaría de Participación, Transparencia y Anticorrupción de la Presidencia y al Banco Central de Reserva.

Como se sabe, los bancos salvadoreños permanecieron nacionalizados por más de una década, hasta que en junio de 1989 se inició un proceso de reformas económicas neoliberales, basadas en los principios del Consenso de Washington, que culminó con la privatización del sistema financiero nacional.

Las instituciones señaladas han pedido iniciar una investigación dirigida a las entidades gubernamentales o funcionarios que resguardan la información relacionada al proceso de privatización de los bancos y las asociaciones de ahorro y crédito, y entreguen una copia de los documentos que puedan encontrar para evidenciar la forma en cómo se adjudicó la banca estatal a propietarios privados.

La solicitud fue presentada por Alfonso Goitia, presidente de COLPRECE y Mario Montesinos, director del Departamento de Economía de la UCA. En dicho evento, la representación del gobierno estuvo a cargo del presidente del Banco Central de Reserva, Óscar Cabrera, y el Secretario de Transparencia y Anticorrupción, Marcos Rodríguez.

Muchos entendidos y analistas económicos y políticos han sostenido que la privatización de la banca salvadoreña ha permitido millonarias ganancias a las familias ricas del país que compraron los bancos. Lo destacado y sorprendente es que más adelante volvieron a multiplicar sus ganancias al vender los bancos a instituciones internacionales. En dicha operación se estima que el estado salvadoreño dejó de percibir más de 450 millones de dólares, ya que los dueños de los bancos no pagaron el Impuesto de Valor Agregado - IVA – al realizar la multi millonaria operación de  vender las acciones.

En tal sentido, el director del departamento de Economía de la UCA, Mario Montesinos, ha sostenido que la finalidad  de la solicitud es conocer por qué el sistema bancario nacional no logró los objetivos que buscaba la privatización; y que según se estableció en su momento, estaban orientados al desarrollo y a las mejoras de las condiciones de vida de la ciudadanía; pero luego de más de tres décadas de la consolidación de ese proceso, la población no ha percibido ese beneficio.

Por su lado, el presidente de COLPROCE, Alfonso Goitia, ha expresado que la indagación se torna fundamental en la historia económica del país, pues el proceso de privatización permitió la reconstitución de grupos económicos de poder que han dictado la vida económica del país en las últimas décadas.

Lo destacado es que a lo largo de los últimos años han habido procesos de cambio en el sistema financiero salvadoreño, con la internacionalización de la banca,  en el que los grupos económicos se deshicieron de los bancos, trasladando dichas instituciones a empresas transnacionales, afirmó Goitia.

El presidente del BCR, Óscar Cabrera, ha coincidido con las posiciones de los representantes de la UCA y de COLPROCE; considerando, además, que es un derecho de la población conocer cuál fue el proceso del saneamiento de la banca, así como la privatización, debiéndose evaluar si las políticas públicas impulsadas por aquellos gobiernos han funcionado realmente en beneficio de las mayorías.

Cabrera se ha comprometido a facilitar la información que tienen en su poder, como las actas de la junta monetaria del consejo directivo, así como las del comité de Saneamiento y Fortalecimiento Financiero, llamado en su momento FOSAFI.

Todo esto hace suponer que se ha de realizar un valioso ejercicio para los salvadoreños, que en todos estos procesos y otros eventos trascendentales que han determinado muchas afectaciones económicas y sociales, durante las administraciones que impusieron en la práctica el neoliberalismo a ultranza, el que aún se encuentra apoltronado en la realidad salvadoreña, y que debería permitir conocer la verdad de esos acontecimientos que fueron ejecutados a sus espaldas y alejados de sus verdaderos intereses.

Para los amigos oyentes de Radio Habana Cuba, reportó desde El Salvador, Centro América, Mario Zavaleta.


Para Radio Bahía en la Ciudad de Estocolmo, reportó desde El Salvador, Centro América, Mario Zavaleta, corresponsal de Radio Habana Cuba.


Para Radio Sur, desde Gotemburgo, en Suecia, reportó desde El Salvador, Centro América, Mario Zavaleta, Corresponsal de Radio Habana Cuba.

El tañer de las campanas

Editado por María Calvo  -  RHC  -  13/07/17

Comentario de RHC por Guillermo Alvarado

Dos infaustas noticias con un potencial movilizador de consecuencias insospechadas sacudieron en las últimas horas a Brasil, una fue la aprobación en el senado de una ley que sepulta derechos históricos de los trabajadores y, la otra, la condena en primera instancia de un juez a nueve años de prisión al expresidente y líder histórico de esa nación, Luis Inacio Lula da Silva, por supuestos delitos de corrupción.

Una profunda indignación conmueve los cimientos sociales del llamado Gigante Sudamericano donde la derecha política y los sectores empresariales hacen todo lo posible por instaurar un régimen neoliberal, así como impedir por los medios que sean necesarios el retorno de Lula y el Partido de los Trabajadores al poder.

La reforma laboral forma parte del paquete que el poder económico encargó al golpista Michel Temer de impulsar, a cambio de mantenerlo en una presidencia que carece en absoluto de legitimidad legal y tampoco cuenta con ningún respaldo popular.

En realidad se trata de cumplir con viejas apetencias del empresariado que habrían sido imposibles durante las administraciones de Lula y Dilma Rousseff, porque dejan huérfanos a los trabajadores de cualquier defensa a sus derechos.

Más de cien artículos del Código Laboral fueron cambiados para dejar en las manos de los patronos asuntos como la duración de la jornada de labores, que se puede extender hasta diez horas diarias, la eliminación del pago de horas extras, la fragmentación del disfrute de vacaciones según los intereses de los propietarios y la eliminación del derecho de los sindicatos de defender a sus asociados.

A partir de ahora el asalariado queda atado de pies y manos a los antojos de sus empleadores, paradójicamente con el pretexto de “mejorar la oferta de trabajos” y disminuir los costos de mano de obra para ofrecer mayor competitividad a las empresas.

Mejorará, ciertamente, la posibilidad de los propietarios para contratar obreros a tiempo parcial, sin firmar contratos fijos, con sueldos miserables y sin ninguna presión sindical, que eso y no otra cosa es la famosa “flexibilización laboral”.

Al mismo tiempo, el aparato judicial pretende imposibilitar la vuelta al poder del Partido de los Trabajadores de la mano de su fundador, Lula da Silva, a quien un juez sin pruebas en las manos pretende enviar a prisión por un prolongado período de tiempo con el ánimo, en realidad, de evitar su candidatura a las elecciones presidenciales de 2018.

Al no existir ningún sustento para ese veredicto, lo que se busca es agotar el tiempo en la presentación de recursos y otros trámites e impedir de esa manera la inscripción de quien hasta el momento encabeza todas las encuestas de intención de voto y es la única figura capaz de frenar y revertir la embestida derechista contra los derechos del pueblo.

En realidad Lula es víctima de ese proyecto diseñado en Estados Unidos, del que hablamos en reciente comentario, y que recibe el nombre de Plan Atlanta, que consiste en realizar una intensa campaña mediática contra gobiernos y figuras progresistas para luego llevar esas acusaciones falsas ante tribunales previamente comprados.

Esto que ocurre en Brasil es un llamado de atención a todos los pueblos de la región, a quienes invitamos a meditar en aquellos versos del poeta irlandés John Donne escritos hace más de 450 años: “nunca preguntes por quién doblan las campanas, están doblando por ti”.


CENTENARIO BOLCHEVIQUE. IDEOLOGIA: OBSESIÓN DE LAS POTENCIAS

Jorge Gómez Barata

La Primera Guerra Mundial provocó el colapso de tres imperios: ruso, otomano y austro-húngaro y el debut de los Estados Unidos como potencia hegemónica mundial. Del cataclismo emergieron triunfantes los bolcheviques rusos. A partir de aquel momento, exceptuando el paréntesis nazi, la política global dejó de estar dictada por hechos reales para ser regida por un fenómeno virtual: la ideología.

Hasta entonces, las confrontaciones entre las potencias europeas habían tenido como motivaciones, acciones de conquistas, delimitación de fronteras terrestres y marítimas, reclamaciones y litigios territoriales, diferendos comerciales, aduaneros y asociados a la libertad de navegación y otros. El común denominador era la entidad tangible, incluso física de tales desencuentros.   

El cambio que convirtió a la ideología en eje de la política global fue el triunfo bolchevique en Rusia, fenómeno que dividió al mundo en dos sistemas sociales y entronizó dos visiones ideológicas opuestas del pasado y del porvenir. El pensamiento liberal y la cultura judeo-cristiana, ejes de los saberes y comportamientos occidentales, fue confrontado por el materialismo dialéctico e histórico y el marxismo-leninismo, construcciones teóricas ponentes del proyecto político denominado socialismo o comunismo.

A diferencia de las motivaciones dictadas por intereses materiales, la ideología, una especie de expresión política de la fe, no es un fenómeno de la realidad, sino de las mentes, no es concreta sino abstracta, no es tangible ni medible y puede ser rechazada, aunque no abatida. Nadie mató nunca una idea ni encarceló un pensamiento.

La Guerra Fría ejemplifica el período de mayor hostilidad política en toda la historia de los conflictos internacionales. Aquel diferendo con perfiles letales que envolvió a los Estados Unidos y la Unión Soviética en una confrontación que los puso a ambos y, juntos con ellos a toda la humanidad ante el peligro de desaparecer bajo los escombros nucleares, no condujo a la guerra, entre otras cosas, porque no se basaba en premisas reales, sino en una dimensión ideológica. La lucha entre el capitalismo y el socialismo no deja de ser un conflicto de visiones.

El dato más cierto y relevante en los anales de las relaciones entre Estados Unidos y la Unión Soviética no fue la confrontación sino la colaboración. La explicación es que mientras los enfrentamientos fueron virtuales, la acción conjunta, expresada en la alianza militar y política contra el fascismo, tuvo bases reales. Excepto la lucha por la hegemonía ideológica, no existe ningún dato capaz de justificar antagonismos del tamaño y con potencial destructor de la Guerra Fría.

Estados Unidos y la Unión Soviética no fueron nunca rivales comerciales y las asimetrías tecnológicas, científicas excluían y todavía omiten la competencia. Geográficamente están tan distantes que las pugnas geopolíticas entre ellos no existían. Hasta la Revolución Cubana, las Américas era tan ajenas al interés ruso como Europa Oriental y Asia Central para Estados Unidos.

La usencia de sostén material explica por qué cuando, en un momento de lucidez pragmática, Nikita Jruzchov adoptó como política la coexistencia pacífica, rápidamente fue aceptada por Estados Unidos. De esa logia forman parte el éxito de la detente propuesta por Willy Brandt que se impuso a la Doctrina Hallstein vigente desde épocas de Adenauer, así como la doctrina de “Una sola China” que puso fin a la ficción originada por llegada al poder de Mao Zedong. Se trató de momentos en los cuales la razón prevaleció sobre los preconceptos ideológicos.

Trotski, el único de los grandes líderes bolcheviques que vivió en los Estados Unidos donde ejerció el periodismo, descubrió que aquel país estaba más cerca del socialismo de lo que generalmente se estimaba, y en su momento Kissinger y Nixon encontraron en la China de Mao Zedong interlocutores atentos y Gorbachov, sin ofrecer el socialismo como ofrenda, tal como hizo Yeltsin, logró importantes entendimientos. Raúl Castro, el último de los duros del comunismo tuvo éxito al negociar con Barack Obama, mientras Putin y Donald Trump se profesan mutuas simpatías.

En cierto sentido, al interferir en la política que ha de realizarse sobre bases concretas e intereses tangibles, la ideología, lejos de favorecer, estorba. Allá nos vemos.

La Habana, 09 de julio de 2017


*Este artículo fue escrito para el diario “Por Esto”. Al reproducirlo o citarlo, indicar la fuente.